La antropologa vestida de gris - 7a parte (final)

Shedi le dijo que terminaría con ese estúpido ritual y la llevaría en chalupa hacia un poblado, desde donde podrá regresar a su ciudad. El agua abrió una salida en esa misma sala. Llegaron frente a una extraña caja en un altar con un enorme cuadro lleno de símbolos. La princesa le pidió el favor a la antropóloga que leyera las instrucciones para abrir la caja. Ella lo hizo, diciendo que debía introducir una llave. Shedi sacó una que colgaba de su cuello y que hasta entonces Niyireth pensaba que se trataba de un curioso collar.

La siguiente instrucción, según la antropóloga, era girar cuatro veces la llave hacia la derecha y luego dos veces hacia el lado contrario. Un mecanismo de engranajes se escucho tras la pared brevemente y ambas observaban a todas partes, pues no sabían de donde venía aquel ruido. De repente la tapa se levantó y la princesa dijo: “Ya es hora, a cumplir con mi objetivo”.

- Sólo debes recordar tu objetivo – le dijo Juan a Niyireth, en la avioneta – Dime, ¿Para qué vas en esta expedición?
- Para robar ese tesoro, matar a los indígenas y volvernos ricos, Juanito.
- Así es, Niyi, así es.
- ¿Seguro que él no se enterará?
- Jamás, te lo aseguro.

Niyireth cayó en cuenta que ya había recuperado todos sus recuerdos, pero empezó a cuestionarse si era una buena o una mala persona. Deseaba realmente ese tesoro, venderlo y huir con su amado Juan a alguna parte de Europa, o ayudar a la princesa con su ritual para regresar a casa y terminar sus estudios. Cuando Shedi levantó la tapa, Niyireth giró la cabeza, siguiendo la advertencia de Daniel, mientras al mismo tiempo quería verlo para anhelarlo y sustraerlo, hasta que ella escuchó que la princesa dijo: “le ponen tanto valor a una piedra”. Niyireth no pudo más y lo vio, para comprobar que Shedi tenía razón. Solo era una piedra con forma antropomorfa, con una cabeza en forma de papa.

- ¿Qué sucede? - preguntó la princesa.
- Esperaba algo más impresionante.
- Es sólo un ritual de cosechas. Sé que todo depende del clima y el abono, pero si los aldeanos no ven a la piedra asoleándose, empezarán una cantidad de revueltas que terminará con nuestra propia destrucción.

Niyireth comprendió entonces cual era el verdadero plan de Daniel, el cual realmente no involucraba nada económico, sino una nefasta venganza. La princesa, por su parte, pudo por fin realizar su ritual al día siguiente y luego guardó la roca sin nada especial. Niyireth participó alegremente en las fiestas realizadas por la ocasión.

Finalmente, unos días después, la princesa, vestida de un colorido naranja, la llevó a una especie de puerto. Varios hombres las estaban siguiendo: el primero llevaba el equipaje que trajo Niyireth y otro donde habían hermosos vestidos y otros objetos; el siguiente llevaba grandes paquetes de frutas y vegetales; el de más atrás cargaba peces y carne salada; y el último un cofre decorado. Todos colocaron la carga en una chalupa, excepto el hombre del cofre, quien se hizo detrás de Shedi.
- Gracias por tu ayuda – dijo la princesa – En pago a tus servicios, te obsequio este cofre lleno de joyas y piedras que para nosotros no tiene ningún valor. Sin embargo, tengo entendido que de dónde vienes es todo lo contrario. Después de todo, por eso tu jefe es tan poderoso.

Niyireth, vestida con una camisa blanca, se emocionó al ver lo que había en el cofre. La princesa le dijo que debía regresar sola y le comentó la forma de llegar al pueblo de Medusas. Afortunadamente, un par de hombres tomaron algunos artefactos de la avioneta y se la pusieron a la chalupa, con lo que podía navegar un buen rato sin ningún esfuerzo. En Medusas podía viajar fácilmente a la capital de la provincia: Ciudad de Verna y de allí a Ciudad de Tívecre, su casa. Niyireth se despidió efusivamente de Shedi abrazándola, mientras que ella le dijo algo al oído, luego cada una tomó un camino distinto y la antropóloga partió de allí.

Un tiempo después, una mujer con un traje negro de diseñador, avanza a una torre de oficinas. Entra a la recepción y se dirige al ascensor. Sube, se detiene en el piso empresarial y camina hasta las enormes puertas del final del pasillo. Al abrirlas, una secretaria le pregunta si tiene cita con él y ella le responde que sí, que está a nombre de Moniq. La secretaria le dice que por favor pase. La mujer entra a la oficina y Daniel, quien está en el escritorio al final de la oficina se levanta sorprendido.

- Señorita Bodoque. Me sorprende que haya sobrevivido a ese accidente.
- Señor Prado. También me alegra verlo, pero ya no me llame Bodoque.
- Se ha cambiado el nombre y el apellido. ¿está huyendo de alguien?
- Evidentemente no de usted, o no estaría frente a su persona.
- ¿Cómo está su hija?
- Juanita está muy bien, gracias.
- He escuchado que ha sido un éxito su muestra en los diferentes museos. Todos quieren tener la exposición de la mejor antropóloga del país.
- En efecto, me ha ido tan bien que ahora recibirá mis órdenes.
- Ja, ¿en que basa su teoría?
- He comprado el 52 por ciento de las acciones de esta empresa. Sólo venia a avisarle directamente de esta decisión. Ahora me marcho – Moniq va hacia la puerta y se detiene y por encima del hombro ve a Daniel – Casi lo olvido: su hermana le envía saludos.

Apenas cierra la puerta, Daniel lanza todo lo que hay encima del escritorio y grita groserías en selsuica, en un desesperante ataque de rabia. Afuera, su secretaria no entiende lo que grita, mientras ve como la mujer camina hacia al ascensor sonriendo misteriosamente.

FIN

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