Señor Mártir, parte 6 (final)

“Sumamente deprimido, Ismael se sentó en la camilla y observó que todo el pabellón estaba lleno de los soldados heridos. A su lado, estaba el hombre que le contó la leyenda del Mártir Grande y le preguntó cómo se sentía.

- Bien, pero de seguro estamos en problemas.
- Fue un truco de pirotecnia.
- No lo creo. El maestro ordenó la disposición decimotercera, y eso no es bueno. Ocultarán al maestro y los aprendices iniciaran la búsqueda del mejor guerrero.
- ¿De quién?
- Del Mártir Grande, por supuesto.

Ismael piensa que él está desvariando debido a los golpes, por lo que decide levantarse y se sentarse junto a las puertas del pabellón donde estaban sus compañeros. Recordó las viejas leyendas que corrían en la sede central, pero que nunca les hizo caso. Una de ellas hablaba sobre el misterioso poder de Surín, que usándolo una vez podía exterminar el mal cuando tomara forma humana. Al no entender del todo la situación, relaciona todo y piensa que todo puede ser cierto.

Mientras observaba como entraban mujeres embarazadas a punto de dar a luz a cada momento, pensaba que podía estar haciendo yo en ese instante. Veía también a los niños enfermos de toda clase de enfermedades, a los hipocondriacos y a los ancianos que ya no saldrían con vida del centro médico. Una enfermera lo sacó de sus pensamientos, cuando en voz alta le decía a otro hombre que las visitas al pabellón de los soldados están prohibidas porque todos están inconscientes. Después de examinarlo brevemente y notar que no trae escarapelas de prensa ni nada parecido, se incomoda y lo enfrenta.

- ¿Quién viene a preguntar por los nuestros?
- Soy Alberto, de los Mártires del Sur – contesta el hombre, mientras hace la señal de los Mártires con las manos.

Creyendo que ha venido a ofrecer ayuda le comenta lo sucedido. También le cuenta sobre el maestro, quien está oculto y solo el Grande lo encontrará. “El Grande aprenderá el gran secreto para destruir ese ser maligno: el extraño poder de Surín. Los jóvenes aprendices fueron enviados a buscarlo, pero realmente creo que no hay esperanza” Finalmente le pide que comunique el mensaje a todas las cabezas Mártires en el país y le ayuden a encontrar al famoso personaje”.

- Abuela, ¿Qué pasó con el monstruo y el abuelo? – preguntó Ismael, mientras él se ponía la pijama con una trama de caballos. Patricia lo acostó en la cama y continuó la historia.
- Se dice que uno de los jóvenes encontró al Mártir Grande. Él organizó a todos los soldados y los transformó en un solo ejército. Fueron más de quince años en los que sufrimos ambos, porque tu abuelo solo podía quedarse conmigo seis meses y regresar. Perdió algunos bellos momentos con Sonia, por eso ella nunca hablará bien de él. Cuando reapareció aquel monstruoso ser, se dice que todas las fuerzas del mundo no pudieron contra él. En una guerra monumental, ejecutaron aquel misterioso poder de Surín, en el momento que todo se veía perdido. Una luz enorme bajo de aquel cielo oscuro que dominaba el campo de batalla y lo pudo vencer. Fue algo muy hermoso, según él. Sus fuerzas se recuperaron cuando estaba a punto de morir. Ismael logró su retiro un año después, y finalmente fuimos muy felices, hasta que Sonia se casó y se fue de la casa.
Él vino a visitarme una vez a la ciudad sin que nadie se enterara. Había un incendio en el camino, en una casa, y tal vez escuchó la voz de un niño porque se metió a ella sin importar nada. Logró salvarlo, pero él sufrió demasiado y murió unos momentos después. No entendía que era un viejo y que ya no estaba para esas cosas.
- Murió como un héroe.
- Como siempre ha sido.
- Abuela, ¿crees que algún día pueda ser parte de los Mártires?
- Claro que sí. Ya tienes la misma curiosidad que tu abuelo, al menos.

Patricia se despidió de su nieto, cerró la puerta de la habitación y se dirigió a su habitación, mientras sonreía y se decía: “Esta noche no voy a llorar, gracias a ti, señor Mártir”.

FIN

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