Señor Mártir, parte 5

“El bus llegó a Érisis, e ingresó con claves y señas al cuartel de los Mártires del Norte, a las afueras del pueblo. El cuartel era bastante grande, con un enorme edificio en el centro, rodeado de jardines, y luego por unos edificios más pequeños de un solo piso donde vivían los soldados. Todo esto rodeado por altas vallas de madera que impedían la vista desde afuera, y se camuflaban con el bosque. Al llegar de noche, les dieron la cena a los soldados. Uno de ellos empezó una conversación con Ismael, sobre varios temas, pero era evidente que era el otro quien controlaba la charla.

- ¿Has escuchado la leyenda del Mártir Grande?
- He escuchado muchas, pero no recuerdo esa.
- Dicen que los primeros mártires luchaban contra seres sobrenaturales y que por eso, los reyes, siempre llaman a los mártires a pelear, cuando el ejército no puede. El maestro del maestro que está aquí, fue quien dijo que llegaría un mal por poco invencible en nuestro reino y solo el Mártir Grande podría salvarnos.
- Alguna vez escuché sobre un soldado de los Mártires del Norte, entrenado directamente por el Maestro, creo que era llamado Lois y lo apodaron “el Grande” por sus habilidades.
- Lo sé, pero nunca lo he visto. El único Lois Mártir que escuché alguna vez, fue uno que murió durante las batallas mártires.

Ismael no le da mucha importancia a las historias y se va a su camarote, cuando siente que empieza a llover, lo que como siempre le quita el sueño. Al ver el alba por la ventana, trata de cerrar los ojos y de pronto siente un extraño escalofrío. Él se levanta y ve a través de la ventana. Al otro lado, están abriendo la puerta del cuartel a un hombre cubierto completamente por un viejo manto y una capota, que solo deja ver sus extraños ojos verdes, y portando un halo de turbación. Él siente algo muy extraño con su presencia pues viene a visitar al maestro. Ismael, sin pensarlo, se viste con su armadura y se alista con los que están de turno, pasando por la sala principal, donde están reunidos el maestro y el extraño. Sin querer, escucha la conversación.

- Seré directo con usted. Le pagaré una gran cantidad de dinero si sus soldados me ayudan a tomar posesión del castillo del rey ‘Coronado’ y todos sus palacios. Si lo logran, le prometo el trono. Entonces, ¿Cuál es su respuesta?
- ¿Quién te crees tú para venir a proponerme tan insensata empresa? Absolutamente me niego. Los mártires estamos para proteger al rey y al reino, no para poseerlos. Es sumamente inmoral y tú eres una persona bastante atrevida. No regreses jamás con nosotros. De ahora en adelante, si te acercas a un mártir tendrán la orden de apresarte por traición al reino. Vete ahora, me produces lastima, no eres más que un ser humano débil.
- ¡No soy un ser humano! Casi los destruí un día, pero esta vez ¡no me temblará la mano para acabar con ustedes completamente!

El extraño levantó la mano y su maestro se levantó de su posición, sacando su espada. Ismael entró y le siguieron gran cantidad de soldados listos para la defensa de su maestro. Pero el extraño no llevaba armas.

- ¡Deténganse! Es sólo un loco.

El extraño estaba callado y sonrió, pero casi tan rápido como un pestañeo saltó sobre los soldados, tomó a uno del cuello con una mano, lo estranguló partiendo su garganta como una tiza y le sacó su espada, afrontando justo al maestro que saltó tras él. Fue una lucha increíble y duradera, saliendo de la sala principal a la plazoleta, mientras los soldados los rodeaban y los veían. El maestro logró cortar su capa en dos, y nuevamente, el extraño levantó el brazo. Todos estaban listos esperando cualquier cosa, cuando de pronto de la mano del extraño surgió una bola morada de fuego. Le dijo algo muy silencioso al maestro y la lanzó hacia el cielo. Todos observaron la bola como un raro espectáculo mientras el otro se fue corriendo.

- ¡Maldición! ¡Ejecuten la disposición decimotercera! – gritó el maestro.

Los soldados empezaron a huir y a correr, pero fue demasiado tarde. Ismael vio como la bola de fuego cayó sobre la sede y causó una gran explosión. Alcanzó a ver apenas como unos levantaron al maestro y se iban. Al poco rato, despertó en una ambulancia. El paramédico le dijo que él y el resto de soldados estaban siendo llevados a los hospitales cercanos”.

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