El Gigante de cuerpo azul, parte 2

No era la primera vez que Mauricio Visux se infiltraba para cumplir una misión, ya lo había hecho antes, pero no le gustaba. Estaba recostado en su litera, sin hablar con sus compañeros, cuando llego Lamba. Les dijo que debían prepararse, pues la duquesa estaría llegando a la estación de tren en unas horas. Harían el cambio de guardias y la escoltarían junto a su séquito al palacio.

Junto con sus compañeros debía observarlos, analizar sus movimientos, copiarlos para pasar inadvertido. Y lo estaba logrando. Sus compañeros no le hablaban porque pensaban que era un arrogante capitalino. Todo pasó bastante rápido. La duquesa bajo del vagón preferencial del tren a un carruaje, mientras la guardia real realizaba los cambios. En los pocos instantes que se le vio pasar de un transporte a otro, vestía modernamente, mientras las mujeres de su sequito debían someterse a trajes largos tradicionales. Esponjosos y amarillos.

La opera se titulaba Dramma de Beatrice y empezaría en tres horas. Visux ya estaba aburrido e impaciente de estar parado frente a la puerta de la habitación de la duquesa. Aun cuando ya faltaban quince minutos, detrás de la puerta solo se escuchaban risas y murmullos. En algún momento llegó un hombre. Visux lo identificó inmediatamente como el actor más sex-appeal según el diario deportivo, pensando que se trataba de uno de los hombres de Alit lo detuvo.

Después se abrió la puerta y salió el sequito de la duquesa. Esta vez pudo observarlas más detenidamente. Seis jóvenes de similar edad y dos de edad un poco más madura, todas vestidas igual, con un traje parecido con el que llegaron pero esta vez de color dorado. La duquesa salió entre ellas con un largo traje negro y su largo cabello del mismo color estaba arreglado como un florero. El actor fue hacia ella, pero todavía seguía detenido.

- Soldado, déjelo. Es mi acompañante – dijo la duquesa.
- Por supuesto.

Tres guardias se hicieron delante de la pareja. Detrás iba el sequito y finalmente Viasux con el resto de guardias. Salieron al palco principal y de igual manera todos, excepto los guardias, se sentaron. Unos minutos después, se acercó hacia ella el hombre que estaba en las fotos de la carpeta: Alit Beduí.

- Duquesa, es un honor tenerla en mi presencia.
- Alit, estoy impaciente por escuchar a Karina. Espero poder hablarle durante el intermedio.
- Así será, duquesa.

Beduí se sentó unas sillas más allá, sin salir del palco preferencial. El detective se colocó en una posición donde fácilmente podía verlo. Estaba observando detalladamente, cuando percibió que acomodó un maletín bajo la silla. Viasux se asombró y se apagaron las luces. Empezaba el primer acto.

Comentarios