La antropologa vestida de gris - 2a parte
El joven traductor le pidió a Niyireth que pasara la noche allí y descansara, pues al otro día tendría audiencia con la princesa. Ella le siguió el consejo y se acostó. Casi inmediatamente la invadió el sueño. Soñaba que corría por los safaris africanos en compañía de leones y gacelas, que nadaba con cocodrilos y que en su mano se posaban loros exóticos y enormes. Un hombre mayor que ella se le acercó y le dijo que era hora. Ella respondió “sí, papá”. De repente sacó una enorme escopeta ligera y empezó a disparar a todo. Uno de los disparos la despertó, solo para ver que ya había amanecido.
La antropóloga se levantó y entraron varias mujeres grandes y gordas, y también el joven traductor. Unas le sirvieron un pequeño desayuno, consistente en una suave masa amarilla de sabor dulce y un caldo con trozos de carne blanca. Otras traían unos largos trajes de colores. Entre ellas hablaban en su idioma desde que entraron y el traductor solo se limitaba a decirle lo necesario a Niyireth. Ella estaba midiéndose uno de los trajes cuando sintió que una de ellas dijo: “se ve gorda con ese color”. Ella no dijo nada, pues pensó que era su imaginación. Después de que ellas eligieron un traje y arreglaron su catre, algunas levantaron la loza. No dejaban de hablar, pero entonces Niyireth se dio cuenta que estaba comprendiendo su idioma y entendía lo que decían.
Ella se puso el traje que tenía un dibujo de la cabeza de un puma y el traductor la acompañó hacia una gran casa decorada con varios telares de colores vivos en su interior. En una sala, varias personas estaban sentadas en una especie de mesa redonda. Al final de la habitación se encontraba sentada la princesa, una mujer joven y hermosa, pero con una actitud de no querer hacer nada. A la antropóloga le hicieron señas para que se sentara al lado opuesto de donde estaba la princesa, así que ellas se veían de frente. Un hombre se levantó y empezó con la audiencia.
- Señorita, ¿sabe porqué se encuentra aquí?
El traductor le dijo lo mismo a la antropóloga, pero ella respondió en español.
- No lo recuerdo… tengo amnesia.
“¿Por qué estaba aquí?” se preguntó Niyireth en su mente. La actitud del hombre la recordó haber visto en una fotografía, y recordó también que ella había estudiado todo sobre esa tribu, los Selsuicas, y que era una experta en el tema. Rememoró que por algún propósito al respecto se subió a una avioneta y que durante el viaje un hombre pálido y sudando le dijo que se colocara un paracaídas, pero antes de que ella se lo recibiera sintió un enorme golpe: la avioneta se había estrellado.
- Ya lo recuerdo, llegué aquí en una avioneta – dijo ella, en el idioma de ellos. La princesa pareció interesarse.
- ¿Una avioneta? – preguntó el hombre - ¿así le dicen a ese pájaro de hierro enorme?
- ¡Idiota! – dijo la princesa, levantándose de la silla, y todos hicieron lo mismo.
- Princesa Shedi. Disculpe si dije algo malo.
- Una avioneta es una máquina para volar, la inventaron en 1903 los hermanos Wright – dijo la princesa, mientras se dirigía hacia Niyireth.
- ¿Cómo sabe eso? – preguntó la antropóloga.
- No soy una ignorante. Leí una enciclopedia. Me la obsequió su Ministerio de Educación. ¡Guardia! Requísela y llévela a mi habitación. Esta audiencia se termina.
Todos se levantaron y algunas mujeres se fueron con la princesa. Una mujer grande y fea se acerco a ella y la palpó. Luego le dijo que la siguiera y que por favor, le demostrara respeto a la princesa.
- ¿Por qué estoy aquí? – se decía ella.
La antropóloga se levantó y entraron varias mujeres grandes y gordas, y también el joven traductor. Unas le sirvieron un pequeño desayuno, consistente en una suave masa amarilla de sabor dulce y un caldo con trozos de carne blanca. Otras traían unos largos trajes de colores. Entre ellas hablaban en su idioma desde que entraron y el traductor solo se limitaba a decirle lo necesario a Niyireth. Ella estaba midiéndose uno de los trajes cuando sintió que una de ellas dijo: “se ve gorda con ese color”. Ella no dijo nada, pues pensó que era su imaginación. Después de que ellas eligieron un traje y arreglaron su catre, algunas levantaron la loza. No dejaban de hablar, pero entonces Niyireth se dio cuenta que estaba comprendiendo su idioma y entendía lo que decían.
Ella se puso el traje que tenía un dibujo de la cabeza de un puma y el traductor la acompañó hacia una gran casa decorada con varios telares de colores vivos en su interior. En una sala, varias personas estaban sentadas en una especie de mesa redonda. Al final de la habitación se encontraba sentada la princesa, una mujer joven y hermosa, pero con una actitud de no querer hacer nada. A la antropóloga le hicieron señas para que se sentara al lado opuesto de donde estaba la princesa, así que ellas se veían de frente. Un hombre se levantó y empezó con la audiencia.
- Señorita, ¿sabe porqué se encuentra aquí?
El traductor le dijo lo mismo a la antropóloga, pero ella respondió en español.
- No lo recuerdo… tengo amnesia.
“¿Por qué estaba aquí?” se preguntó Niyireth en su mente. La actitud del hombre la recordó haber visto en una fotografía, y recordó también que ella había estudiado todo sobre esa tribu, los Selsuicas, y que era una experta en el tema. Rememoró que por algún propósito al respecto se subió a una avioneta y que durante el viaje un hombre pálido y sudando le dijo que se colocara un paracaídas, pero antes de que ella se lo recibiera sintió un enorme golpe: la avioneta se había estrellado.
- Ya lo recuerdo, llegué aquí en una avioneta – dijo ella, en el idioma de ellos. La princesa pareció interesarse.
- ¿Una avioneta? – preguntó el hombre - ¿así le dicen a ese pájaro de hierro enorme?
- ¡Idiota! – dijo la princesa, levantándose de la silla, y todos hicieron lo mismo.
- Princesa Shedi. Disculpe si dije algo malo.
- Una avioneta es una máquina para volar, la inventaron en 1903 los hermanos Wright – dijo la princesa, mientras se dirigía hacia Niyireth.
- ¿Cómo sabe eso? – preguntó la antropóloga.
- No soy una ignorante. Leí una enciclopedia. Me la obsequió su Ministerio de Educación. ¡Guardia! Requísela y llévela a mi habitación. Esta audiencia se termina.
Todos se levantaron y algunas mujeres se fueron con la princesa. Una mujer grande y fea se acerco a ella y la palpó. Luego le dijo que la siguiera y que por favor, le demostrara respeto a la princesa.
- ¿Por qué estoy aquí? – se decía ella.
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