¿Dónde está el leopardo?
Era una tarde de mayo y cuando Carolina llegó a su casa estaba feliz, pero al llegar a su jardín no sabía qué hacer. La jaula estaba abierta. Su mascota había escapado. Carolina se asustó y con razón, pues lo que muchos no sabían era que su mascota era un leopardo. Desesperada y confundida, salió corriendo con las esperanza de que su mascota estuviera en la copa de alguno de los arboles cercanos, pero fue en vano. Cansada, llamó a su mejor amiga Monik para que le ayudara.
En ese momento, Monik estaba en medio de una fiesta con asado, en donde estaba felicitando a su hermano por su reciente matrimonio. Cuando Carolina le contó lo sucedido, se alarmó y regó la cerveza. Una señora gritó aterrorizada y Monik inmediatamente fue a su garaje y sacó de un gabinete la pistola de dardos que usaba cuando ayudaba a Carolina a vacunar al leopardo. Sin embargo, cuando Monik salió al asado, la señora gritaba porque una abeja se había posado en su vaso de gaseosa. Ella estaba preocupada. Cuando el leopardo con estaba con su dueña, no era un animal dócil.
Carolina salió de su casa arrastrando la jaula sobre su base de cuatro ruedas, con destino a la casa de Monik. Hubiera tomado un taxi, pero siempre tuvo temor de los automotores. Iba pensando en la ubicación de su querida mascota y en el camino se encontró con Enrique. A Carolina le caía pesado, pero no pensaba muy bien en ese momento. A pesar de esto, a él le preocupó la expresión que tenia ella y le pregunto qué le sucedía. Carolina quería pasar de largo, pero terminó explicándole con todos los detalles el caso del leopardo. Enrique se ofreció a ayudarla y le dijo que no se preocupara, después de todo, fue él quien le regaló el animal.
Carolina y Enrique caminaban hacia la casa de Monik, conservando la esperanza de encontrarlo rápidamente. Enrique recordó que su viejo amigo John Henry lo había llamado hace poco de una hora, diciéndole que tenía un enorme felino atrapado en su sótano. John Henry, el ex novio de Monik, vendía animales exóticos que él mismo cazaba y adiestraba antes de enloquecer, cuando el gobierno prohibió la caza de animales. Nadie le creía mucho porque aunque decía que cazaba misteriosos animales, casi siempre estaba mintiendo. Sin embargo, no tenían opción y fueron primero a la casa de John, que estaba más cerca y en el camino a la casa de Monik.
John Henry custodiaba las puertas del sótano con un enorme rifle cuando llegaron Carolina y Enrique. Ella le pidió el teléfono y él le dijo que podía llamar a cualquier persona en todo el mundo, excepto a Monik. Entonces llamó a Jennifer, quien había sido domadora de animales y muy bajito le pidió que llamara a Monik también.
En unos minutos llegan Jennifer, Monik y Sergio, su hermano, en una camioneta. Enrique se llevó a John Henry al otro lado de la casa para que no viera a Monik, mientras ella preparaba su pistola de dardos tranquilizantes, diciendo al mismo tiempo que algo no andaba bien. Jennifer y Monik se pararon frente a la puerta y Sergio contó hasta tres y la abrió.
Nada. La enorme habitación estaba vacía. Como Monik había sospechado, no existía ningun leopardo en la casa de John y dedujo que era una de sus locuras. Jennifer, admiradora del gran cazador, lo defendió y dijo que vio rastros que indicaban que un enorme felino estaba cerca. Carolina grita con dulzura desde el jardín que al fin divisó a su leopardo, el cual estaba en la copa del árbol donde Enrique y John estaban a la sombra. Finalmente todos llegan a este lugar.
- ¿Qué haces aquí? – dice John Henry – Te dije que no quería volver a verte.
- No lo hago por ti, sino por el leopardo que está arriba tuyo.
Jennifer y Monik estaban listas para atraparlo, pero el leopardo saltó hacia donde estaba Carolina. Enrique se atravesó en su camino y la salvó. Jennifer sacó su látigo y Monik su pistola de dardos. Entre ambas lograron atraparlo y encerrarlo en la jaula que tenían cerca.
Carolina le agradeció a Enrique por protegerlo y ayudó a Sergio a subir el leopardo dormido y enjaulado a la camioneta. Ella le pidió que se adelantara a su casa y ella regresaría caminando. Enrique le pidió acompañarla y ella aceptó.
Sergio y Monik se fueron. Jennifer se quedó acompañando a John Henry y se despidieron de Enrique y Carolina. Luego de caminar un rato, ella se detuvo.
- Hay algo que me inquieta. Mi leopardo nunca me atacó, ni siquiera jugando. Será que…
- Temo que sospechas lo mismo que yo. Ése no era tu leopardo.
En ese momento, Monik estaba en medio de una fiesta con asado, en donde estaba felicitando a su hermano por su reciente matrimonio. Cuando Carolina le contó lo sucedido, se alarmó y regó la cerveza. Una señora gritó aterrorizada y Monik inmediatamente fue a su garaje y sacó de un gabinete la pistola de dardos que usaba cuando ayudaba a Carolina a vacunar al leopardo. Sin embargo, cuando Monik salió al asado, la señora gritaba porque una abeja se había posado en su vaso de gaseosa. Ella estaba preocupada. Cuando el leopardo con estaba con su dueña, no era un animal dócil.
Carolina salió de su casa arrastrando la jaula sobre su base de cuatro ruedas, con destino a la casa de Monik. Hubiera tomado un taxi, pero siempre tuvo temor de los automotores. Iba pensando en la ubicación de su querida mascota y en el camino se encontró con Enrique. A Carolina le caía pesado, pero no pensaba muy bien en ese momento. A pesar de esto, a él le preocupó la expresión que tenia ella y le pregunto qué le sucedía. Carolina quería pasar de largo, pero terminó explicándole con todos los detalles el caso del leopardo. Enrique se ofreció a ayudarla y le dijo que no se preocupara, después de todo, fue él quien le regaló el animal.
Carolina y Enrique caminaban hacia la casa de Monik, conservando la esperanza de encontrarlo rápidamente. Enrique recordó que su viejo amigo John Henry lo había llamado hace poco de una hora, diciéndole que tenía un enorme felino atrapado en su sótano. John Henry, el ex novio de Monik, vendía animales exóticos que él mismo cazaba y adiestraba antes de enloquecer, cuando el gobierno prohibió la caza de animales. Nadie le creía mucho porque aunque decía que cazaba misteriosos animales, casi siempre estaba mintiendo. Sin embargo, no tenían opción y fueron primero a la casa de John, que estaba más cerca y en el camino a la casa de Monik.
John Henry custodiaba las puertas del sótano con un enorme rifle cuando llegaron Carolina y Enrique. Ella le pidió el teléfono y él le dijo que podía llamar a cualquier persona en todo el mundo, excepto a Monik. Entonces llamó a Jennifer, quien había sido domadora de animales y muy bajito le pidió que llamara a Monik también.
En unos minutos llegan Jennifer, Monik y Sergio, su hermano, en una camioneta. Enrique se llevó a John Henry al otro lado de la casa para que no viera a Monik, mientras ella preparaba su pistola de dardos tranquilizantes, diciendo al mismo tiempo que algo no andaba bien. Jennifer y Monik se pararon frente a la puerta y Sergio contó hasta tres y la abrió.
Nada. La enorme habitación estaba vacía. Como Monik había sospechado, no existía ningun leopardo en la casa de John y dedujo que era una de sus locuras. Jennifer, admiradora del gran cazador, lo defendió y dijo que vio rastros que indicaban que un enorme felino estaba cerca. Carolina grita con dulzura desde el jardín que al fin divisó a su leopardo, el cual estaba en la copa del árbol donde Enrique y John estaban a la sombra. Finalmente todos llegan a este lugar.
- ¿Qué haces aquí? – dice John Henry – Te dije que no quería volver a verte.
- No lo hago por ti, sino por el leopardo que está arriba tuyo.
Jennifer y Monik estaban listas para atraparlo, pero el leopardo saltó hacia donde estaba Carolina. Enrique se atravesó en su camino y la salvó. Jennifer sacó su látigo y Monik su pistola de dardos. Entre ambas lograron atraparlo y encerrarlo en la jaula que tenían cerca.
Carolina le agradeció a Enrique por protegerlo y ayudó a Sergio a subir el leopardo dormido y enjaulado a la camioneta. Ella le pidió que se adelantara a su casa y ella regresaría caminando. Enrique le pidió acompañarla y ella aceptó.
Sergio y Monik se fueron. Jennifer se quedó acompañando a John Henry y se despidieron de Enrique y Carolina. Luego de caminar un rato, ella se detuvo.
- Hay algo que me inquieta. Mi leopardo nunca me atacó, ni siquiera jugando. Será que…
- Temo que sospechas lo mismo que yo. Ése no era tu leopardo.
Comentarios
Publicar un comentario